Ésta epigrafía latina dedicada al alma del difunto Baebio Seneciam sufragada por Sergium, Ursioe y Marcia, que pudiera datarse entre los siglos II a.c. y III d.c. la encontramos junto a la puerta de entrada a la torre de Benavites que data de mediados s. XV. Si observáramos con mayor atención encontraríamos otros sillares labrados con epigrafías todavía más exóticas, con fragmentos de decoración vegetal o escritura hebraica, que pueden proceder del cementerio judío que existía en la falda norte de la montaña de Sagunto, adosado a los muros del castillo. La arquitectura en ruina y descomposición sirve como cantera a la nueva arquitectura, a las nuevas necesidades. Quienes nos antecedieron en esta tierra eran hombres muy prácticos, poco dados al conservacionismo.
Contemplamos la torre recientemente restaurada -1993- con su foso y puente levadizo, con sus matacanes y ventanales enrejados de forja. Admiramos la regularidad de su fábrica de piedra labrada, admiramos la potencialidad vertical del conjunto construido a plomada.


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