Junto al río Piedra los monjes cistercienses crearon un vergel. Actualmente una piscifactoría y el flujo contínuo de miles de visitantes garantiza la supervivencia y el aprovechamiento económico de este paraje fluvial. Aclimatado a la aridez mediterránea, a los cauces débiles cuando no completamente secos, las casacadas del Piedra son un expectáculo para los sentidos. Una tupida arboleda proporciona sombra en todo el recorrido, cobijándonos del rigor del sol. Los saltos de agua rezuman un frescor dificilmente imitable por un aparato de aire acondicionado.
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